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Bucking Horse
endless-regen:

D18

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D18

Put a “☼” in my ask if you’ve ever wanted to ship your character with mine.

(Fuente: shockwavexpulsar-memories)

Kyoya, why are you so cute?

¡¡IMPORTAAAAANTE!!

Bueno, por la Navidad he pasado de ser  Dino Bucking Horse a Happy Dino in X-mas :3

Es decir: 

De dinobuckinghorse.tumblr.com he pasado a happydinoinxmas.tumblr.com

Gracias <3

Por cierto, todos los dibujos navideños son made by Kukki

needledcloud:

Había sido demasiado orgulloso e imprudente al haberle dicho que estaba yendo muy lento, porque ahora Dino se lo había tomado en serio y no paraba. La repentina atención que recibía en su miembro en ese momento era demasiado intensa comparada con el ritmo que habían llevado hasta ahora.

Pero no por eso era menos placentera, ya que Dino sabía lo que hacía, y aquella lengua se movía como si fuese un ser a parte con capacidad de saber exactamente dónde Hibari sentiría pequeñas —por el momento— olas de placer recorriéndole. También podía ver cómo el rubio estaba divirtiéndose, disfrutando con cada movimiento que hacía con su habilidosa lengua; sabía perfectamente lo que al moreno se le estaba pasando por la cabeza.

Era una mezcla entre querer golpearle por ser tan creído y querer que no parase aquella felación. No entendía cómo el capo podía hacer algo así sin ninguna duda, asco o pudor, pero tampoco es que se estuviese quejando, porque se sentía horriblemente bien. 

Le puso las piernas alrededor del cuello para acercarle al máximo hacia su sexo, y al ver que de esta manera Dino era capaz de meterse toda la extensión en la boca, soltó un casi inaudible gemido que parecía más un gruñido. Enredó las manos fuertemente entre los cabellos dorados, a algo tenía que agarrarse para conseguir aguantar lo máximo posible.

Cerró los ojos para centrarse mejor en su trabajo. Podía sentir la piel de Kyoya arder gracias a su roce, podía notar sus pulsaciones aceleradas y también podía escuchar sus pequeños gruñidos a los que pensaba que podía llamarles gemidos, aunque estos fuesen casi inaudibles. Mientras, su lengua seguía haciendo su trabajo como si tuviese vida propia.

Al notar cómo le acercaba gracias a las piernas, metió todo el miembro del prefecto en su boca y succionó a la que vez que dibujaba pequeños círculos con la lengua en su glande. Sin embargo, sería demasiado fácil para él darle placer sin verle sufrir antes un poco antes. Así que abandonó aquel ritmo tan rápido e intenso que había llevado hasta el momento y empezó a hacer lo mismo sólo que muchísimo más lento y sutil. Tanto que la lengua del capo Cavallone solamente rozaba la piel del miembro ajeno.

Tal vez se estaba pasando un poco, pero era una pequeña venganza por aquella vez que le dejó a medias -que había sido el día anterior. De todas maneras, después de un poco de tiempo así, volvió con todo lo que tenía. O casi todo; pues siempre hay que reservarse un último as en la manga.

Aunque Dino se dio cuenta de quizá si Kyoya llegaba al clímax antes que él, pasara como aquella vez en el hotel que se tuvo que conformar con venirse de pura excitación. Así que llevó una de las manos suavemente hasta la entrada de su pupilo y metió un dedo muy suavemente, para que se fuera acostumbrando a la sensación. Después, para compensar, simuló algún tipo de embestimiento con su boca y el miembro de Kyoya y que así no le doliese tanto comparado con el placer recibido.

KYOYA, HAS SIDO UN CHICO MALO (?)

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Sabía que Dino no iba a dejarle ser el dominante esa noche, pero no perdía nada por intentarlo. Pronto se encontró aprisionado bajo el cuerpo trabajado del más mayor y descubrió que ya no se sentía tan agobiado como antes. Pero a pesar de su posición, no pensaba darle todo el control a Dino, así que aprovechó ese ángulo para morderle el cuello, sin dejar que el movimiento incesante de sus cuerpos perdiese el ritmo.

—No hables como si tuvieses control sobre mí, si estoy así es porque quiero. Podría tumbarte en menos de un segundo. —Dijo orgulloso mientras pasaba las manos por la piel aún un poco húmeda por la ducha que se había dado no hacía mucho rato.— Y deja de estar tan quieto, esto se está volviendo aburrido.

En realidad no era para nada aburrido, pero el ritmo calmado y Hibari no congeniaban bien casi nunca. Mordió más fuerte estirando un poco de la piel con los dientes, importándole poco la zona del cuerpo del capo que estuviese mordiendo.  Volvió a aprovecharse de su posición, una vez más para demostrarle que había cometido un error al no dejarle estar arriba, y con su pie derecho le empezó a masturbar —aunque torpemente. Mientras tanto, le miraba con seriedad y superioridad.

No iba a perder en esto, al fin y al cabo era como una especie de competición para Hibari, porque él no entendía de amores, ni de necesitar calor humano —confiaba en que eso se lo explicase Dino, pero más tarde, no quería prisas en algo así. 

Gimió de manera ahogada por aquel mordisco, mientras se relamía lentamente los labios y en su mirada se encontraba un brillo extraño, como de deseo mezclado con otra cosa que se podía definir como amor. Estaba en un estado tan crítico de éste último que Kyoya le pareció hasta adorable cuando dijo aquella frase con ese tono tan característico suyo; el orgullo. Definitivamente, tendría que ir a un psicólogo tarde o temprano. Tenía que estar enfermo; enfermo de amor, al fin y al cabo.

Si tan aburrido es, hazlo más entretenido.—Aunque realmente no tardó mucho en intentar llevar la delantera y el capo notó el pie de su alumno en cierta parte bastante íntima de su cuerpo. Además de aquel mordisco que se profundizaba que le había dado con anterioridad, pero se estaba mal acostumbrando a ser marcado. Después de todo, tenía sus consecuencias ser sólo de Kyoya y estaba seguro que pronto las vería.

Con pequeños gemidos -los grandes se encargaba de esconderlos para molestar al menor- sonrió bastante divertido por la expresión tan seria que tenía Hibari mientras le masturbaba. Así que se echó un poco para atrás sin romper el contacto del pie ajeno con su miembro y repartió besos por el abdomen del menor. Besos dulces, cálidos y lentos que contrastaban totalmente con aquel ritmo rápido que el pelinegro quería llevar.

Después de saborear la piel de su alumno con esas caricias, siguió bajando hasta llegar a su miembro y se lo metió en la cavidad bucal de una sola vez, rompiendo por completo el ritmo tan lento que había llevado y empezando a lamerlo.

Empezó primero ofreciéndole lamidas circulares a su glande y luego se lo sacó de la boca para lamer la extensión del miembro del prefecto con la punta de la lengua. Después aminoró el ritmo y muy lentamente dio pequeños mordiscos por los alrededores, sin hacer apenas presión. 

Se estaba divirtiendo.

Anónimo sent: Wapisimo.

Eso usted.

Anónimo sent: Dino, continua el rol que hace veinte mil siglos que Hibari-kun te respondio TT___TT ¿Ya no le quieres¿

Me respondió ayer… ¿Ha?

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Las manos de Dino parecían fuego contra su piel, pero poco a poco dejaban de quemar para convertirse en ese agradable calor humano que secretamente era su parte favorita de estar tan cerca de Dino —tampoco es que fuese a decirlo en voz alta, claro. A la vez se sentía pequeño en comparación a Dino, pues sus manos ocupaban todo su vientre sin ningún problema. Pero también estaba claro que Dino era bastante mayor y grande que él. 

Lo que no significaba que Hibari fuese mucho menos fuerte, y sin venir a cuento quiso dejarlo claro inclinándose hacia adelante para morder el hombro tatuado. Recordó que al principio odiaba la piel tatuada de su tutor, le parecía un atentado contra las normas de Namimori, pero aprendió a vivir con ello después de que Dino le explicase que cada tatuaje tiene una historia detrás, tal y como una cicatriz. Y Hibari tenía cicatrices de sobra. 

Chasqueó la lengua cuando se sintió invadido por las manos del capo, que ahora acariciaban su miembro. Ni él se había dado cuenta de que ya estaba tan excitado; estaba demasiado concentrado marcando y mordiendo a Dino. Le desabrochó los pantalones a tientas y agarró su miembro con poco cuidado, empezando a masturbarlo con los dedos. Mordisqueó todo su vientre y luego le lamió el interior del muslo derecho, acercándose cada vez más a la ingle con un ritmo bastante lento.

Le separó las piernas finalmente, lo suficiente como para poder posicionarse entre ellas, pero al ser un sofá estrecho para los dos tuvo que flexionarle una para tener más espacio. Dejó su pene en paz y le separó las nalgas. Justo antes de empezar a estimularla le sonrió de una manera maliciosa.

Acariciar la piel de Hibari podía ser divertido, pasando por excitante y terminando por hobbie. Pero necesitaba más. Su cerebro pedía más y, a su vez, hacía reaccionar a su miembro pidiendo más. Siempre más, más y más; pero siempre con Kyoya. Y no se arrepentía en lo absoluto. Incluso siendo una especie de pederasta; aunque  a esas alturas no pensaba arrepentirse. No, no lamentaba nada por mucho que quisiera. La ley estaba para romperla y -con la de Namimori entre los brazos- sonrió silenciosamente por sus pensamientos tan literales.

Salió de sus pensamientos cuando su alumno le mordió allí donde tenía el tatuaje, en el hombro. Al jodido le gustaba marcarle y eso le excitaba más de lo que nunca se había imaginado; así que se dejó hacer. Ya recuperaría el control de la situación, ahora le gustaba darle un poco de entretenimiento a la cosa. Sabía que era más fuerte que su alumno -de ahí que fuese su alumno y no el maestro- y que podría ponerle debajo de un solo movimiento. Y quizás ese era el momento oportuno.

No se dejó sorprender porque Kyoya le abriese las nalgas con los pensamientos seguramente de ser el que daba aquella vez. Es más, por alguna razón, se imaginaba algo así. Los gemidos ahogados que intentaban salir de su boca gracias a la anterior masturbación por parte de Hibari pronto se vieron sustituidos por una sonrisa casi maliciosa. No conocía al prefecto de hacía un par de días, sabía que quería creerse mayor que él; dominar toda la situación. Igual que en aquellas peleas que tenían en la azotea del instituto.

Así vamos mal.—Dijo en un susurro ronco, apartándole sin una pizca de cuidado y tomándolo de las muñecas con algo de fuerza -la suficiente para que no pudiese librarse de su agarre. Luego, le puso debajo y se puso encima de él sin soltarle y con una sonrisa de medio lado que, a pesar de su fingida inocencia, era totalmente doble intencionada.—Te dejo estar arriba, pero no tan arriba. Il mio amore, ya llegará tu momento; si te lo doy ahora, no sería divertido. ¿No crees, Kyoya? —Y le besó antes de que pudiese replicar nada, porque realmente no quería escucharle; simplemente disfrutar del momento.